Eduardo me muestra una botella sobre su escritorio. Etiqueta verde lima sobre fondo negro. CristaClear.
"Esto es lo Ășnico que ataca los dos pasos del problema."
Me explica el mecanismo:
Paso 1 â DisoluciĂłn quĂmica. Un surfactante no-iĂłnico llamado AEO-9 entra a los poros del vidrio. A diferencia del jabĂłn normal (aniĂłnico), el AEO-9 no necesita enlazarse con la mugre â desestabiliza las cadenas de hidrocarburo polimerizado y las eleva a una emulsiĂłn. La pelĂcula se va. No se redistribuye. Se va de verdad.
Paso 2 â Sellado Ăłptico. Una resina acrĂlica acuosa con Ăndice refractivo de n â 1.52 â exactamente el del vidrio automotriz mexicano â rellena los poros que quedaron limpios. Resultado: el vidrio se vuelve Ăłpticamente plano. La luz que entra ya no se dispersa. Pasa derecho.
Por eso funciona cuando todo lo demĂĄs falla: porque ataca el mecanismo real (pelĂcula + poros vacĂos), no el sĂntoma visible.
Eduardo me dice algo que se siente ilegal:
"La quĂmica del CristaClear es exactamente lo que los talleres de Audi y Porsche en Polanco le aplican a los carros de sus clientes â sin avisarles, cobrĂĄndolo dentro del 'detallado premium' de $3,500 pesos. Esa misma quĂmica, ahora la haces tĂș en 15 minutos por menos de $700. No es nuevo. No es milagroso. Estaba escondido."